Visiones Inefables – Vol I: Apneusis

Visiones Inefables – Vol I: Apneusis

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Visiones Inefables es una obra literaria compuesta por 50 microrrelatos y 50 fotografías en relación biunívoca en la que texto e imagen se apoyan sinérgicamente para crear una experiencia con mayor profundiad, aderezado por una composición cuidada a todo color.

Qué es Visiones Inefables

Como lector

Como su nombre indica, se trata de un conjunto de visiones que no pueden ver satisfecha su representación solo mediante palabras. Se denota así pues una grave paradoja de la que solo puede salirse airoso en base a una relación imperfecta: las fotos están incompletas, son un sesgo, y es ahí donde un texto que por sí solo tampoco puede defenderse, que su relación sinérgica y biunívoca cobra por completo su sentido. De esa paradoja y de esa necesidad por satisfacerla, parto de una fracción concreta de la realidad y, manipulada para crear un efecto de resorte creativo, alimentado por ese estímulo me dejo hacer por la gracia de la ficción completando o transformando lo mostrado para llevarlo a un estadio diferente.

Como escritor

Antes de leer Visiones Inefables, juega con él. Trata de estimular tu imaginación de la forma en la yo lo hice para confeccionar este libro. Mira una foto, ni siquiera leas el título, y déjate fluir. Abandónate, deja que aflore cualquier cosa que pueda incitarte la visión incompleta y dale cauce. Si funcionó conmigo quizá pueda funcionar contigo.

Como profesor de escritura creativa

Si también te dedicas a la animación de la escritura creativa desde talleres, siéntete libre de aprovechar las imágenes contenidas en el libro para motivar a tus alumnos. Yo lo hago, y como casi cualquier práctica de escritura creativa, en ocasiones hay grandes resultados y en otras no tanto.

Qué motiva la obra

Visiones inefables defiende tres exiguos bastiones de dificultosa permanencia en nuestra realidad literaria y editorial. Por un lado, la brevedad, del otro la fantasía, y acometiendo por ambos flancos, «la no sencillez»; y es aquí donde no puedo hallar más placer en la ineludible concomintancia de pareceres que manifiesto con el escritor Ángel Olgoso (y unos cuantos más), maestro indiscutible todas las indicadas artes.

El microrrelato o microcuento es un género infravalorado, denostado junto a sus dos hermanos mayores que son el cuento y el cuento breve. Mientras que en otros países los cuentistas y los novelistas (ciñéndonos en este caso a términos de prosa o narrativa) están a un mismo nivel considerativo, en nuestro país, por algún extraño motivo, el género corto (inclúyase en tan simple alusión a los tres mencionados anteriormente) no es tenido en cuenta como un género literario merecedor de grandes encomios. Es pues Visiones Inefables, de alguna forma, una de esas escasas y enjutas siluetas que alza su voz en mitad de una barahúnda vocinglera.

En cuanto a la fantasía, no puedo sino estar completamente a favor de lo necesario de una resurrección de lo mágico, de lo diferente, de aquello que pasa por alto el tedio de lo mundano y lo innovedoso de lo prosaico en busca de algo distintivo, sorprendente, un pequeño desafío a la quietud o la certidumbre de lo habitual; una búsqueda esta no como sustitutivo, pero sí como elemento equilibrante. Nunca antes del siglo XIX se produjo tanta realidad ficcionada en literatura; y aún persiste. Pareciese como si con la llegada de la ilustración los destellos que iluminaran el sendero de lo irreal y lo portentoso se hubieran —paradójicamente, en contra de lo que su semántica implica— apagado para siempre. Es pues Visiones Inefables un faro en mitad de la oscuridad predominante, un débil fanal que trata de llevar su escasa luz por algunos de esos lejanos rincones en los que la chispa de lo imaginario pudiera valorarse con más bondad que prejuicio; porque dejarse soñar o fantasear no es patrimonio en exclusiva de la adolescencia o la niñez.

En cuanto a «la no sencillez», he de indicar que la prosa —por momentos intrincada— con la que elaboro los textos no es de rápida asimilación, lo que sugiere (como es consuetudinario en este tipo de minificciones) una lectura pausada en varias y sucesivas rasantes hasta aquilatar cuidadamente cada parte expuesta, hasta libar con paciencia los jugos que, para cada cual, puedan desprenderse; de pararse con tranquilidad en cada imagen y en el texto que la acompaña a fin de poder calar hasta lo hondo de su esencia biunívoca. Además, es una oportunidad de leer algo diferente en un mundo editorial desbordado por el fenómeno «best seller», caracterizado por la mediocridad, lo fácil y las manidas temáticas realistas, clicheadas y prosaicas de siempre.

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