Kevala jñana

Kevala jñana

Microrrelato2 1 - Kevala jñana

En aquella anciana librería, en la trastienda y oculta a ojos mundanos, se encuentra una habitación y en ella unos escritores. Se afanan sobre el papel con epiléptico denuedo, como poseídos, ensimismados, presos del ordenado vertido de tinta sobre papel, ese caos transcrito en ideas uniformadas como tatuaje sobre papiro, escarificado por el pulso pujante de una fuerza mayor, ineluctable. Sobre la pulcra blancura de la mesa reposan unos cafés inextintos y un par de evocadoras y macilentas velas. Unas largas cortinas cercan el sitio y lejanas luces mortecinas proyectan multisombras desde tres o cuatro ángulos en imprecisa geometría crepuscular. Estanterías abarrotadas de libros forran las paredes como denso pelo revuelto: opaco y crespo. Y entre todas aquellas repisas, cerca de una esquina, una vetusta y no larga escalera apoyada en la pared. Sus peldaños, cual baldas, albergan los más extravagantes libros del lugar: aquellos más osados en materia de imaginación, impertinentes, sagaces, exóticos; mudos avatares testimoniando en su encarnación las crónicas de lo extraño, lo fabuloso, lo indómito… Sobre la escalera, una sombra, la única del sitio, y sobre ella una esperanza.

Los escritores persisten como remeros de galeón, como niños uncidos a la mesa de taller, como bestias arrastrando pesados timones de arado, como criaturas fabulosas sometidas al dictado de arcaicas servidumbres*. De pronto uno se levanta: de rostro sereno, catártico, relajado ya, se acerca a la escalera esquinada y, tras retirar meticuloso y disciplinado los libros como quien libera —se libera— abriendo la jaula, bajo la atenta y cargada observación expectante del resto y útiles de escritura en mano, asciende por sus siete peldaños hasta perderse en la negrura, hacia el país de los sueños, de los que aún no han sido escritos.

Dedicado a Tatjana Portnova
*Los bajíosÁngel Olgoso

Me encanta ese texto de Ángel. Fue un amor a primera lectura y era cuestión de tiempo encontrar dónde hacerle un modesto homenaje.

La oportunidad vino dada gracias a uno de esos pocos textos escritos casi por azar, fruto de uno de los ejercicios paridos sobre la marcha, «in itinere», en el taller cuando asistí como alumno. No tomó forma definitiva y permaneció como un texto inacabado durante unos tres años y que, sorpresivamente, en una de las enconadas iteraciones aventadas por mi decidida participación en el FGL, sufrió una interesante remodelación: ganó su título definitivo, una reforma moderada y una ampliación al final. La parte en la que hago referencia a ‘Los bajíos’ fue  la incorporación estrella, el lugar perfecto para poder interactuar de forma intertextual con ese texto de Ángel para el que no tengo palabras.

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