El instinto inmaterial

El instinto inmaterial

Microrrelato2 1 - El instinto inmaterial

Podía olerlo vestido con aquella fragancia inconfundiblemente humana; nada podía burlar el desmesurado escrutinio de sus sentidos, y ya fuera un cuidado escondrijo ignoto, un grueso envoltorio, o siquiera un odoroso pelaje animal, lo encontraría sin óbice alguno. Sin importar lo lejos que estuviera percibía su esencia penetrando hasta sus adentros y, guiada por un instinto más allá de lo comprensible como estrictamente sensorial o —aún menos— humano, podía trazar una línea diáfana y perfecta hasta su posición, como el tiburón que acude sin dudas e inmediato a la sangre, como el águila que dibuja su kilométrica trayectoria entre las garras y la presa; así se desplazaba ella, a una velocidad endiablada, como si docenas de largos apéndices arácnidos ejecutaran una sinfonía de movimiento geométrico y ordenado. No cabía distancia suficientemente lejana u obstáculo capaz de suponerle menoscabo temporal de ninguna clase. El aire que batía en su contra tampoco desmedraba su marcha; su resolución era total y su resuello del todo incombustible. Llegó hasta la casa, cruzó el umbral, voló fantasmagórica sin rozar los escalones hasta entrar en la estancia y, una vez lo tuvo delante y se abalanzó sobre él, sintió un profundo desasosiego y una malsana desesperación cuando vio sus manos atravesar su diario incólume.

Dedicado a los inmateriales atrapados en nuestra realidad

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