Tótem

Tótem

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El orfebre del tiempo parecía habernos concedido un pequeño oasis de tregua, una calma propicia e indefinida que no hacía sino arrojar más incertidumbre sobre un futuro a priori poco favorable. Nuestras reservas hídridas y alimenticias tocaban a su fin y los días de interminable tierra baldía y devastada, pesaban con sevicia sobre los estómagos como peste sobre nuestros pechos. En aquellos lares atestados de calor parecía que la propia tierra —en lugar de aquellos monstruos devoradores— quisiera deglutirnos y nutrirse con nuestros ya exiguos y agostados despojos: ensalivados en el norte por los aires arenosos, transitados por los escarpados valles esofágicos, sublimados por los rayos gástricos, adheridos a la pizarra parietal del suelo mesético, y dispuestos al borde del cercano paso por el píloro montañoso del desconocido sur.

En los incuantiosos días transcurridos luego de los últimos ataques que resolvimos con tres dolientes bajas, no habíamos atisbado retazo alguno de vida siquiera clemente más allá de vetusta chatarra; siempre en la sospecha del ultraje, en duermevela perpetua a resultas de auto-inducirnos con reincidencia en la estrategia de las aves noctívagas, caminando sin descanso para guarecernos en algún lugar de acceso disuasorio. No habíamos visto señales hasta entonces cuando, perdida ya toda esperanza, se manifestó de improviso en el ascenso aquella madera en la tierra a contraluz anclada en un pequeño montículo y con una manufactura a todas luces post-caída. Rápidamente corrimos al desvelo, a encarar el artilugio y comprender la naturaleza del terreno que pisábamos. Una vez llegados, su acerbada compostura: escrito en sangre, revestido en piel, erigido sobre un montículo de huesos; nos mostró el cariz de nuestro destino y, de seguido, los vimos aparecer por entre los bordes de los picos circundantes. Venían, presurosos, a por nuestras carnes.

Dedicado a Daniel R.

El fenómeno Daniel me obsequió con esta bonita instantánea que no dudé en manipular para ajustarla a las necesitades de Visiones Inefables, donde apareció tal que así:

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2 Replies to “Tótem”

  1. La dureza del camino (¿o de la vida?) se afloja cuando se percibe un atisbo de por donde tirar. Nunca se sabe las consecuencias de seguir las ayudas externas.

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