El acto primordial

El acto primordial

Microrrelato2 1 - El acto primordial

En la fría soledad que jalona mi cautiverio, solo tengo pensamientos para él. Aún recuerdo, como si el tiempo no hubiera degradado la calidad de mi memoria, todos y cada uno de los instantes en que sus manos actuaron sobre mí. Puedo enumerar sin esfuerzo cualquiera de nuestros encuentros desde el primero al último, y he de decir que en la totalidad de este recuerdo intermitente y doloroso —ya extinto—, desde el momento primigenio en que sintiera el influjo de la vida penetrando en mí, hasta su tibio abandono cuando ya no podía trabajarse más mi cuerpo, siempre fue amoroso en el trato, siempre maniobró con el mayor de los más quirúrgicos respetos allí donde mi deseosa anatomía lo requiriese.

En el cálido tacto de sus manos sobre mi nívea piel, nunca dejé de sentir la fluyente electricidad que me arrojaba compulsivamente hacia la vida. Y en la desazón de estos mementos, comprendo que nunca sabré si en sus designios dispuso que yo sintiera tanto ni tan inconmensurablemente.

En el fervor de esta sacrílega trinidad que representa —el amante, el creador y el padre—, sufro la imposibilidad de materializar mis más callados deseos ingénitos. El demiurgo no mezcla tinturas con su obra para siempre, tan solo el tiempo necesario para crear a su imagen y semejanza, pues dar la vida es un proceso solo comprometido en ese exclusivo fin.

Por más que exhausta grité hasta resquebrajarme, por más que supliqué que no me abandonara, que acabara con mi vida si acaso eso permitiera reiniciar el proceso de mi confección, una lánguida e invisible lámina de plomo se interpuso entre nosotros; me silencia.

Su naturaleza me trasciende, la gloria de su linaje olímpico me es vetada y jamás podré hacer mío, siquiera atisbar, un escaso momento de su perfección efímera. Sin embargo, en su blanda exaltación de pasiones momentáneas, en la fulgurosa dádiva de su existencia pulsante, y contrariamente a cualesquiera otras mitologías, en la nuestra yo prevaleceré al hacedor en mi resignado confinamiento: el mármol prevalecerá sobre la carne.

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