El adiós a un compañero

El adiós a un compañero

miscelánea 1 - El adiós a un compañero

Palabras compartidas

En los talleres de escritura creativa sucede, en ocasiones, un hecho insólito, algo quizá no presente o transferible a otros talleres o cursos. Siendo el uso de la palabra —la escritura— un acto de expresión del yo, de insospechada desnudez emocional, de compartir lo íntimo con ajenos y foráneos, se genera, curiosamente, un especial y reconfortante clima de entendimiento, de compañía, de camaradería literaria muy difícil de explicar para quienes no participan de ese espacio, y que nosotros, los implicados, tenemos la suerte de compartir con profundo gozo. En este taller que dirijo aquí en Armilla, podría decir que este clima de concomitancias emocionales y literarias ha alcanzado una cota superior; aquí, la palabra —dicho en mayúsculas— nos ha unido de especial forma, tomando en cada uno de sus integrantes un agradable prisma de sensaciones y sentires en torno a la escritura y la vida misma.

La palabra, constituye ese ladrillo fundamental de toda obra literaria y de todo acto comunicativo entre humanos, que en su imperfección para contener y definir todas las formas que habitan en este vasto cosmos, pese a sus carencias, cumple una tarea fundamental dando sentido a todos los espacios, objetos, circunstancias y conceptos que configuran nuestra certidumbre, nuestra realidad. Es ese bastión inexpugnable del conocimiento y las relaciones entre las personas que sirve de vehículo para entender, conocer, compartir, emocionar, sensibilizar, soñar, creer, amar, confiar, perdonar y otros tantos verbos; y es aquí, donde en nuestra azorada ambición por poner en tinta lo inefable, eso que es indefinible, de pronto, nos vemos frente a la inesperada marcha de nuestro querido Leo, quedándonos sin palabras, mudos, inermes, rotos; pues también hoy, esta feble materia que es el lenguaje se muestra incapaz de contener las sensaciones del espíritu, ya que nunca —ni en la vida real ni en la «literaria»— habrá palabras suficientes para describir la pena que nos aflige por tener que dejar atrás a un compañero en este viaje fantástico y calamitoso que, en ocasiones —como la vida—, es la escritura.

Este infortunado suceso, este revés emocional que si bien no podemos aproximar a lo que los más allegados a Leo han de sentir, también, a nosotros, de alguna forma y canalizado por el espacio creativo de las letras compartido en el taller —ese constructo maravilloso de libertad y palabras fabulosas— se ve ahora lastimado, reducido, menoscabado por una pérdida irreemplazable. Desde hoy falta una pieza este en puzle multiforme de personalidades y variadas voces literarias que es nuestro taller.

Es por esto que puedo decir sin temor a equivocarme, que los participantes del taller de escritura creativa de Armilla, o del club de escritura de Armilla, o los gabaubres, o como se les quiera denominar, llevarán ya a Leo en sus corazones con la misma presencia con la que con su sensibilidad y su silenciosa paz irradiada ocupaba un lugar único junto a nosotros cada jueves, y donde nos seguirá acompañando semana tras semana estando presente también, y de alguna forma, en nuestros futuros textos o futuros cúmulos de palabras.

In memoriam Leo. Allí donde estés, descansa en paz.

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