Desde el infierno

Desde el infierno

Microrrelato2 1 - Desde el infierno

—Dentelladas, lo conseguiremos a dentelladas. Como hiciera la serpiente inmortal incitando a la profanación del árbol, instando a la toma del fruto prohibido por el padre: engañando cual demonios, tentando, ejerciendo el usufructo de nuestro indeclinable poder. Mintiendo lo necesario conquistaremos a esa amalgama de pusilánimes infelices, aprovecharemos sus carencias mortales, los vacíos en su entelequia y los resquicios en su moral y los rellenaremos con la bilis de la falsedad sin que lo adviertan; arrinconados en la ineludible trampa de la falacia tomarán nuestras mentiras como suyas, extenderán nuestras creencias cual saranpión entre las gentes, con su insapiencia, con su incultura. Nos catapultarán, ellos serán los valedores de nuestro ascenso henchiendo nuestro despiadado poder y con su oligofrenia defenderán nuestro voraz abuso tan fervientemente como si ellos mismos lo hubieran pergeñado, emancipados de la realidad, viviendo por nuestro delirio imaginario. Nos encumbrarán y, una vez encumbrados, incapaces ya de enarbolar la mínima defensa de sus más preciados bienes, destruiremos su mundo: los estrujaremos, nos apropiaremos de cuanto posean, controlaremos sus vidas, dispondremos de su intimidad y sus libertades vetándoles la capacidad de toda elección: qué decir, cómo opinar, qué se permite para mofa; les censuraremos, les empobreceremos intelectualmente más si cabe, calaremos en sus adentros hasta libar sus vísceras palatables, nos regocijaremos en su nueva deseada realidad horrísona que percibirán —distorsionados— como la más pura señal del idílico progreso. Desplegaremos nuestro lóbrego poder en toda su magnificencia: diseñaremos todo tipo de estrategias para que caigan en un laberinto insoslayable para el desmedro de su razón, en el que nazcan, malvivan y mueran y además agradezcan preñados de idiotez haber muerto en tal indignidad que considerarán como el mayor de los más gloriosos obsequios. Nuestra demagógica depravación será acogida con fanática religiosidad como un mantra misericorde, con el fanatismo de la fe, con la discapacidad de su inteligencia intervenida: como la salvación de las almas. Las almas… cuando ya no les quede nada, cuando ya no sean más que cortezas inanes y quebradas, les arrebataremos sus almas y las degustaremos en pantagruélico festín allá en el inframundo.

—Pero señor, lo de las almas… no figura en nuestro programa político.
Se relame. Con cada una de sus tres lenguas flamígeras humedece sus tres bocas en un éxtasis prístino mientras jala hacia el gaznate el nudo de corbata.

—Dentelladas, lo conseguiremos a dentelladas.

Dedicado a demonios, cultistas, sacerdotes oscuros, cancerberos y demás monstruosidades inefables, execrables y excretables que participan de los poderes ejecutivos.

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